La difamada urraca

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Actualizado el 23 febrero, 2022

La urraca común pertenece a la familia -corvidae- (vulgarmente conocidos como córvidos) e incluye especies tan conocidas como el cuervo común, la corneja común, la grajilla occidental o el arrendajo euroasiático. En esta familia se encuentran las especies de paseriformes de mayor tamaño. Es un ave de distribución paleártica e inconfundible aspecto que es muy abundante en nuestro país. Es de tamaño mediano (longitud con cola incluida de 40-50 cm), de color blanco y negro y no presenta diferencias notables entre machos y hembras (sin dimorfismo sexual).

Fotografía obtenida de Pixabay, web con fotografías registradas en el dominio público según Licencias Creative Commons / Creative Commons CC0.

 

Posee, además, un plumaje iridiscente que le otorga un brillo metalizado verde en rectrices (plumas de la cola) y azul en plumas secundarias.

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Fotografía obtenida de Pixabay, web con fotografías registradas en el dominio público según Licencias Creative Commons / Creative Commons CC0.

 

La iridiscencia es un fenómeno óptico por el cual el color que presenta una superficie varía en función de ángulo con el que incide la luz. Es además un fenómeno que juega un papel fundamental en la comunicación de numerosas especies de fauna de todo el mundo (Stuart-Fox et al., 2021).

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Iridiscencia en esta fotografía obtenida de (Stuart-Fox, Ospina-Rozo, Ng, & Franklin, 2021): (A) luz artificial (B) luz solar indirecta (C) luz difusa (nublado).

 

En el caso de la difamada urraca, estudios recientes (Nam, Lee, Lee, Choi, & Choe, 2016) han evaluado el rol de la coloración de esta especie, señalando que existen diferencias significativas (sutiles al ojo humano) en la escala de color entre grupos de edad. Siendo las aves adultas las que presentan una coloración más viva y saturada que los juveniles. Además, observaron que tonos más vivos en la cola correspondían a aves adultas, especialmente a machos. Estas diferencias parecer ser una señal visual indicativa de calidad del individuo.

Como ya hemos comentado, el fenómeno de la iridiscencia va más allá de los aspectos comentados a nivel de especie y, en el caso de los córvidos, juega un papel fundamental en múltiples especies de esta familia. Los córvidos presentan una dieta omnívora, variando en función de la especie y época del año. Estas aves presentan una gran capacidad de adaptación que ha contribuido a su distribución cosmopolita. Son, además, especies carroñeras facultativas, lo que quiere decir que, aunque los animales muertos no constituyan la base de su alimentación (carroñero estricto), si pueden, de forma ocasional, incorporar esta estrategia como forma de alimentación.

Fotografía cedida por Miguel Santos.

En la mayoría de las ocasiones, cuando una urraca u otro córvido encuentra un cadáver, comienzan por ingerir las partes blandas, pero pronto se encuentran con que no tienen capacidad para acceder a las partes duras del animal. Es en este momento cuando, agrupadas en bandos que realizan movimientos continuos en su lucha por obtener más alimento del cadáver, consiguen -ayudadas por la iridiscencia de su plumaje- llamar la atención de especies carroñeras de mayor porte. Generalmente, son los buitres leonados (en ocasiones acompañados de algún buitre negro) quienes, en sus largos recorridos diarios planeando el cielo, detectan la señal y descienden rápidamente. Una vez llegan al cadáver comienza el banquete.

Los buitres leonados poseen un poderoso pico capaz de perforar con facilidad la piel y su largo y musculoso cuello, desprovisto de plumas, es capaz de adentrarse a través de cualquier orificio. Durante el tiempo en el que los buitres se alimentan, los córvidos se quedan en las proximidades intentando dar cuenta de pequeños trozos de carne que puedan quedar disponibles. Tras varias horas, los buitres leonados suelen retirarse y es en ese momento cuando las especies de menor porte (milanos, alimoches, zorros, córvidos, etc.) se disputan el alimento restante. Esta interacción, donde múltiples especies se ven beneficiadas, se denomina mutualismo. No obstante, la red trófica establecida en torno a una carroña puede ser muy compleja, llegando incluso a beneficiar a otras especies de paseriformes (no solamente córvidos) que, de forma oportunista, explotan este recurso (Moreno-Opo & Margalida, 2013). Por todo ello, las especies de aves necrófagas resultan esenciales para el mantenimiento de los ecosistemas gracias a su labor de retirada de cadáveres del medio natural.

Fotografía cedida por Miguel Santos.

Buitres y córvidos han estado fuertemente estigmatizados en la cultura popular: aves de mal agüero, asociadas con premoniciones sobre la muerte, oscuras y descaradas. La urraca común, es además una especie que ha sido siempre perseguida por las gentes del campo, que veían en ella una amenaza por su mala fama como depredador de huevos de otras aves. La difamada urraca… Sin embargo, esta visión está cambiando gracias al aumento del conocimiento sobre su ecología trófica que nos está permitiendo obtener una visión mucho más amplia y compleja de la función que tiene esta especie en el ecosistema.

Finalmente, cabría mencionar el papel de la urraca como ave dispersora de semillas de gran tamaño. En primer lugar, deberíamos comenzar explicando en qué consiste exactamente esta función. Los “scatter-hoarding animals” o “animales acaparadores-dispersores” son aquellos que guardan comida para cubrir las necesidades energéticas de periodos de escasez. Existe un fenómeno muy conocido que se da principalmente entre las especies de árboles del género Quercus (encinas, coscojas, robles, etc.) y especies de aves de la familia de los córvidos.

Diagrama obtenido de (Pesendorfer, Sillett, Koenig, & Morrison, 2016)

 

El arrendajo, por ejemplo, es considerado una de las típicas especies dispersoras de bellotas en el bosque mediterráneo. En los periodos en los que los frutos están disponibles el arrendajo se dedica a recolectarlos y esconderlos en diferentes lugares de su territorio para recurrir a ellas en invierno si le es necesario.

Fotografía obtenida de Pixabay, web con fotografías registradas en el dominio público según Licencias Creative Commons / Creative Commons CC0.

Sin embargo, muchas de estas semillas no son recuperadas por diversos motivos (olvido, muerte del individuo, falta de necesidad, etc.) y en estos casos, aquellas que tengan las condiciones adecuadas para su germinación, podrán dar lugar a nuevas plántulas. En el caso del arrendajo se ha estimado que un único individuo es capaz de dispersar desde 1000 y 5000 bellotas en un año, en función de la especie y grupo de edad (Kurek, Dobrowolska, Wiatrowska, & Dylewski, 2018).

Fotografía cedida por Miguel Santos.

Recientemente, varios estudios han demostrado como la urraca podría jugar un papel similar en la dispersión de nueces (Castro et al., 2017) y bellotas (Martínez-Baroja et al., 2019), con tasas de dispersión de hasta 1372 bellotas por temporada e individuo (Martínez-Baroja et al., 2019).  Además, podría ejercer una función ecosistémica complementaria al arrendajo (ave de hábitos forestales), al habitar en paisajes agrícolas más abiertos y fragmentados donde el fenómeno de regeneración natural está más limitado.

Bibliografía consultada:

Castro, J., Molina-Morales, M., Leverkus, A. B., Martínez-Baroja, L., Pérez-Camacho, L., Villar-Salvador, P., … Rey-Benayas, J. M. (2017). Effective nut dispersal by magpies (Pica pica L.) in a Mediterranean agroecosystem. Oecologia, 184(1), 183–192. https://doi.org/10.1007/s00442-017-3848-x

Kurek, P., Dobrowolska, D., Wiatrowska, B., & Dylewski, Ł. (2018). What if eurasian jay garrulus glandarius would larder acorns instead of scatter them? IForest, 11(5), 685–689. https://doi.org/10.3832/ifor2793-011

Martínez-Baroja, L., Pérez-Camacho, L., Villar-Salvador, P., Rebollo, S., Quiles, P., Gómez-Sánchez, D., … Rey-Benayas, J. M. (2019). Massive and effective acorn dispersal into agroforestry systems by an overlooked. Ecosphere, 20(12).

Moreno-Opo, R., & Margalida, A. (2013). Carcasses provide resources not exclusively to scavengers: Patterns of carrion exploitation by passerine birds. Ecosphere, 4(8), 1–15. https://doi.org/10.1890/ES13-00108.1

Nam, H. Y., Lee, S. I., Lee, J., Choi, C. Y., & Choe, J. C. (2016). Multiple Structural Colors of the Plumage Reflect Age, Sex, and Territory Ownership in the Eurasian Magpie Pica pica. Acta Ornithologica, 51(1), 83–92. https://doi.org/10.3161/00016454AO2016.51.1.007

Pesendorfer, M. B., Sillett, T. S., Koenig, W. D., & Morrison, S. A. (2016). Scatter-hoarding corvids as seed dispersers for oaks and pines: A review of a widely distributed mutualism and its utility to habitat restoration. Condor, 118(2), 215–237. https://doi.org/10.1650/CONDOR-15-125.1

Stuart-Fox, D., Ospina-Rozo, L., Ng, L., & Franklin, A. M. (2021). The Paradox of Iridescent Signals. Trends in Ecology and Evolution, 36(3), 187–195. https://doi.org/10.1016/j.tree.2020.10.009

 

Comments (2)

    • Carletti

    Un artículo muy bien documentado y escrito con mucho gusto. Muchas gracias por seguir aportando en el conocimiento de nuestra fauna mas cercana.

    23 febrero, 2022
      • Ideas Medioambientales

      Gracias Carletti!!! En eso estamos!!!

      23 febrero, 2022

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