El águila imperial ibérica: un nombre con historia

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INTRODUCCIÓN

Si pensamos en especies únicas de nuestro país es inevitable pensar en una de nuestras más poderosas rapaces, el águila imperial ibérica. Esta especie es la segunda águila más grande de la península ibérica (superada únicamente por el águila real) y única rapaz endémica de nuestro país. Sin lugar a dudas es un símbolo e icono de nuestra biodiversidad, además de reconocida en el mundo entero, por ello es importante conocer la historia de tan conocido nombre. En el pasado estuvimos punto de perder a una de nuestras mayores joyas, afortunadamente se está recuperando, pero no por ello debemos bajar la guardia ya que su estado de confirmación aún es En Peligro (según el último Libro Rojo de las Aves de España publicado en 2021).

 

Nótese la diferencia de plumaje entre los ejemplares adultos a los lados y un juvenil de plumaje tipo pajizo en el centro (en sus primeros años de vida). Fotografía realizada en el centro de recuperación de Fauna Silvestre JCCM de Albacete.

DESCUBRIMIENTO Y PRIMERAS DESCRIPCIONES

Para empezar a hablar sobre la historia del águila imperial ibérica primero debemos conocer a su pariente más cercano, el águila imperial oriental (Aquila heliaca). Esta especie se extiende desde Europa oriental hasta gran parte de Asia (desde Rusia hasta China), llegando a invernar en zonas de África oriental, Oriente Próximo, Medio Oriente y el sureste asiático. Es tal su parecido externo (no así genéticamente) que durante años se consideró al águila imperial ibérica como una subespecie de ésta, llamándose por tanto Aquila heliaca adalberti hasta los estudios genéticos en 1996. A partir de este momento, pasaría a llamarse definitivamente Aquila adalberti y se separó definitivamente de su pariente considerándose una especie propia. Pero, ¿cuál fue el origen de este nombre?


Nuestra historia comienza con Reinhold Brehm, un cazador y a la vez naturalista (dos aficiones que antaño iban en su mayoría juntas) que llegó a España en 1856 para descubrir nuestra fauna ornitológica. En Monte de El Pardo, el antiguo coto de caza de la monarquía en Madrid, abatió cinco ejemplares de águila imperial entre los años 1860 y 1861. Reinhold no tardó en darse cuenta que podía estar estar ante un nuevo descubrimiento y envió los ejemplares a su padre, Ludwig Brehm, uno de los mayores ornitólogos europeos de la época y entusiasta y coleccionista de aves que rápidamente vió aquí una nueva especie a la que llamó Aquila adalberti, en honor al príncipe Adalberto de Baviera, hijo del rey Luis I de Baviera.

Retrato del príncipe Adalberto de Baviera, nombre que quedaría para siempre como legado en el águila imperial ibérica, Aquila adalberti.

 

Esta fue la primera vez que se dudó de que nuestra águila no era la misma especie que su pariente oriental, denominándose hasta este momento también como Aquila heliaca. Incluso en 1873, H. E. Dresser dedicó un apartado a esta nueva especie en su enciclopedia sobre aves de Europa junto a las primeras ilustraciones de esta especie en la historia (realizadas por el dibujante J. G. Keulemans). No se debe confundir que esta especie fuera dedicada al príncipe Enrique Guillermo Adalberto de Prusia, error que se arrastró casi hasta día de hoy desde que Dresser cometía esta errata en su enciclopedia.

Primeros grabados de águila imperial ibérica en la enciclopedia de Aves de Europa de H. E. Dresser. A la derecha se representó a un ejemplar adulto (con sus característicos hombros blancos) junto a un juvenil; a la izquierda vienen representados dos juveniles, un ejemplar de plumaje tipo pajizo (color anaranjado) y un ejemplar que parece ser de plumaje tipo damero (plumas alternas naranjas y oscuras).

 

DE SUBESPECIE A ESPECIE DEFINITIVA

A pesar de los esfuerzos de Ludwig Brehm, la comunidad científica no acogió de buena mano la denominación de nueva especie del águila imperial ibérica. Fue en 1914 cuando Hartert y consideraron a nuestra águila como una subespecie de Aquila heliaca, denominándola por tanto como A. heliaca adalberti. Otros especialistas defendieron esta idea como, por ejemplo, Vaurie en 1965. Así permaneció hasta que por fin, en el año 1996, mediante estudios moleculares llevados a cabo por Seibold se demostró que el águila imperial ibérica es una especie totalmente diferenciada del águila imperial oriental hace un millón de años. Finalmente nuestra protagonista obtiene la tan ansiada denominación de especie, Aquila adalberti.

Se demostró más tarde, mediante el análisis de un gen del ADN mitocondrial por Martínez-Cruz y Godoy en 2007, que tanto la especie ibérica como la oriental se separaron a finales del Pleistoceno o durante el Holoceno. Es un período de tiempo muy reciente para la evolución de una nueva especie (unos 10000 años), lo que explica que su parecido externo siga siendo tan semejante y haya creado tanta polémica en el pasado. Se considera incluso que la propia águila imperial ibérica es una especie que proviene directamente del águila imperial oriental en lugar de poseer ambas un ancestro común, un hecho destacable ya que normalmente la especie que da origen a otra suele estar extinta y no llega a encontrarse a día de hoy.

En definitiva, podemos ver a lo largo de toda esta historia los periplos que tuvo que pasar nuestra más increíble joya para ser considerada a día de hoy nuestra única águila endémica de la Península Ibérica.

BIBLIOGRAFÍA

• González, L. M. (2011). El águila imperial ibérica: el resurgir de una especie amenazada. Fundación BBVA.

• Martínez-Cruz, B., Godoy, J. A. (2007). Genetic evidence for a recent divergence and subsequent gene flow between Spanish and Eastern imperial eagles. BMC Evolutionary Biology, 7: 170.

• SEO/BirdLife (López-Jiménez N. Ed). 2021. Libro Rojo de las aves de España.

http://www.vertebradosibericos.org/aves/aquada.html

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