¡Descubre la campaña Embajadas de Ideas!

La microbiota del suelo: el pilar invisible de la sostenibilidad en plantas fotovoltaicas

3/9/26
Lectura de 
8
 min
Comparte este artículo
Escrito por
Pablo Casares
Permitting y Big Data Aplicada
Gaspar Arenas
Coordinación Permitting y Big Data Aplicada
Comparte este artículo

Cómo restaurar la vida del suelo y mejorar la sostenibilidad real de los proyectos solares

Cuando se habla de energía solar, la conversación suele centrarse en los impactos directos e indirectos que tienen lugar sobre la biodiversidad, a menudo entendida como el conjunto de especies inventariadas de vertebrados. Sin embargo, hay un elemento esencial en la dinámica de los sistemas que a menudo pasa desapercibido, el suelo.

Más concretamente, su componente más importante e invisible, la microbiota edáfica. Sin una dinámica del suelo adecuada, la sostenibilidad de los sistemas y la integración del proyecto quedan incompletas.

¿Qué es la microbiota del suelo y por qué es tan importante?

La microbiota del suelo está compuesta por bacterias, hongos, actinomicetos y otros microorganismos que constituyen el verdadero motor de los ecosistemas terrestres. Aunque invisibles al ojo humano, su papel es determinante en el funcionamiento del suelo.

Estos organismos intervienen en procesos esenciales como la descomposición de la materia orgánica, la mineralización de nutrientes, la formación de agregados estables y la regulación del ciclo del carbono. Como resultado, influyen directamente en la fertilidad del suelo, su estructura física y su capacidad para retener agua.

En regiones mediterráneas, caracterizadas por la escasez de agua y bajos contenidos de carbono orgánico, la microbiota del suelo resulta especialmente sensible a las perturbaciones. Su equilibrio depende en gran medida de la disponibilidad de materia orgánica y de unas condiciones adecuadas de humedad, lo que la hace vulnerable frente a alteraciones derivadas de cambios de uso del suelo (Bastida et al., 2008).

Figura 1. Representación de la microbiota edáfica y su papel en procesos clave como la descomposición de materia orgánica, el ciclo de nutrientes y la interacción con raíces vegetales. Fuente: Hartmann y Six, 2022.

Impacto de las plantas fotovoltaicas sobre el suelo

La implantación de plantas solares fotovoltaicas implica una serie de actuaciones necesarias desde el punto de vista constructivo, pero que generan alteraciones significativas en el suelo. La retirada del horizonte superficial que es la capa más fértil, los movimientos de tierra y la compactación causada por el tránsito de maquinaria pesada modifican profundamente sus propiedades fisicoquímicas y biológicas.

Estos cambios físicos limitan la porosidad del suelo y el intercambio gaseoso, reduciendo la actividad microbiana y alterando procesos clave como la mineralización de nutrientes y el secuestro de carbono. Estas afecciones se concentran especialmente en zonas como zanjas de cableado, caminos internos, plataformas de inversores y áreas de acopio de materiales. En estos espacios, el suelo pierde estructura, contenido en materia orgánica y, por tanto, capacidad biológica.

Es decir, se reduce su aptitud para sostener procesos ecológicos básicos y, como consecuencia, pueden aparecer problemas de erosión, pérdida de fertilidad y disminución de la biodiversidad edáfica.

A este impacto directo se suma un efecto menos evidente, pero igualmente relevante como es la modificación de las condiciones microclimáticas provocada por los propios paneles solares.

Figura 2. Principales alteraciones del suelo durante la fase de construcción: retirada del horizonte superficial, compactación, movimientos de tierra y pérdida de materia orgánica.

Microambientes bajo paneles: un factor clave en la restauración

Los módulos fotovoltaicos generan una redistribución espacial de la radiación solar y de la precipitación, dando lugar a microambientes diferenciados dentro de la instalación. Bajo los paneles, la sombra reduce la temperatura y la evaporación, favoreciendo la retención de humedad. En los bordes inferiores, el agua se concentra debido al goteo, mientras que en las zonas entre paneles predominan condiciones más secas y expuestas.

No obstante, estas condiciones no son necesariamente beneficiosas en todos los casos. Un sombreado excesivo o una acumulación localizada de agua pueden generar suelos fríos, con menor aireación o incluso condiciones anóxicas, afectando negativamente a determinados grupos microbianos.

Esta heterogeneidad ambiental influye directamente en la dinámica de la microbiota del suelo y en el establecimiento de la vegetación. Por ello, la restauración edáfica no puede abordarse de forma homogénea, sino que debe adaptarse a las condiciones específicas de cada micrositio para maximizar su eficacia (Choi et al., 2020; Siggers et al., 2025).

Estrategias para restaurar la microbiota edáfica

La restauración del suelo en este tipo de instalaciones se basa en un principio fundamental: restituir las condiciones que permiten el desarrollo de la vida microbiana. Entre las medidas más eficaces destaca la recuperación y reutilización del horizonte superficial retirado durante las obras.

Este material actúa como un reservorio biológico, ya que contiene microorganismos activos, materia orgánica y semillas autóctonas. Su redistribución sobre las superficies alteradas permite reactivar progresivamente los procesos del suelo y facilitar la recolonización por comunidades microbianas funcionales similares a las originales (Banning et al., 2011; Ormeño et al., 2016).

Como referencia técnica orientativa, suele aplicarse una capa uniforme de aproximadamente 3 cm de suelo fértil, equivalente a unos 300 m³ por hectárea. No obstante, esta dosis debe ajustarse en función de las características del terreno y priorizarse en las zonas más degradadas.

Además, la incorporación de materia orgánica resulta clave para mejorar la estructura del suelo, aumentar su capacidad de retención de agua y estimular la actividad microbiana. Este aspecto es especialmente relevante en ambientes semiáridos, donde la recuperación natural puede ser muy lenta si no se aplican medidas activas (García-Orenes et al., 2013; Torres et al., 2015).

No solo la cantidad, sino también la calidad de la materia orgánica aportada, su grado de estabilización, el origen del material y la relación carbono/nitrógeno, condiciona la respuesta de la microbiota y la velocidad de recuperación del suelo.

Figura 3. Fases del proceso de restauración del suelo: estado degradado inicial, aplicación de suelo fértil, aporte de materia orgánica, revegetación y recuperación funcional. Fuente: Raupp et al., 2024.

Vegetación y biocostras: aliados en la recuperación del suelo

La restauración de la microbiota edáfica no depende únicamente del aporte de suelo o materia orgánica, sino también del restablecimiento de la cobertura vegetal. La vegetación actúa como un elemento clave al aportar exudados radiculares que alimentan a los microorganismos, proteger el suelo frente a la erosión y mejorar las condiciones microclimáticas.

En el contexto de plantas fotovoltaicas, el desarrollo de vegetación bajo los paneles ha demostrado favorecer el incremento de la biomasa microbiana y contribuir a la estabilidad de las comunidades edáficas.

En ambientes áridos o semiáridos, además, las biocostras, comunidades formadas por musgos, líquenes y cianobacterias, desempeñan un papel fundamental en la estabilización del suelo y en la recuperación de su funcionalidad ecológica (Luo et al., 2024).

Figura 4. Ejemplo de desarrollo de cobertura vegetal en el interior de una planta fotovoltaica, contribuyendo a la mejora del suelo y de la actividad biológica. Fuente: Antonio Manuel Martínez Yepes.

Beneficios de la restauración edáfica en proyectos fotovoltaicos

La aplicación de medidas de restauración de la microbiota del suelo no solo permite mitigar los impactos derivados de la construcción, sino que aporta beneficios adicionales desde el punto de vista ambiental y funcional.

Un suelo funcional mejora la fertilidad, reduce los procesos erosivos, incrementa la biodiversidad y favorece la integración paisajística de la instalación. Además, contribuye a la estabilidad del terreno, disminuye las necesidades de mantenimiento y aumenta la resiliencia frente a eventos climáticos extremos.

En conjunto, estos efectos refuerzan la sostenibilidad a largo plazo del proyecto.

Figura 5. Detalle de biocostras formadas por líquenes (C y G), musgos (D y H) y cianobacterias (B y F), fundamentales en la estabilización y recuperación del suelo en condiciones semiáridas. Fuente: Maier et al., 2018.

Seguimiento y mejora continua

Para garantizar la eficacia de las medidas adoptadas, es imprescindible establecer un programa de seguimiento ambiental que permita evaluar la evolución del suelo a lo largo del tiempo. La observación de indicadores como la estructura del suelo, la retención de humedad, la presencia de cobertura vegetal o la formación de agregados proporciona información clave sobre el estado del sistema.

Cuando los resultados no son los esperados, es necesario aplicar medidas correctoras, como nuevos aportes de materia orgánica o actuaciones específicas de control de erosión. Este enfoque adaptativo resulta fundamental para asegurar el éxito de la restauración en entornos complejos y variables.

Hacia una energía solar más sostenible

La transición energética no debe limitarse a la reducción de emisiones, sino que también debe integrar la conservación del suelo y de los procesos ecológicos que lo sustentan. La microbiota edáfica representa uno de esos pilares invisibles.

Incorporar su restauración en el diseño y gestión de plantas fotovoltaicas no es solo una mejora ambiental, sino una decisión estratégica que condiciona la viabilidad y sostenibilidad real de los proyectos.

Desde esta perspectiva, la restauración del suelo deja de ser una medida correctora aplicada al final del proceso y pasa a convertirse en un criterio de diseño clave desde las fases iniciales del proyecto.

En última instancia, apostar por suelos vivos es apostar por sistemas más resilientes, funcionales y capaces de mantenerse en equilibrio a largo plazo, incluso en escenarios de cambio climático.

Figura 6. Ejemplo de desarrollo de cobertura vegetal en el interior de una planta fotovoltaica, contribuyendo a la mejora del suelo y de la actividad biológica. Fuente: Antonio Manuel Martínez Yepes.

Bibliografía

  • Banning, N. C., Gleeson, D. B., Grigg, A. H., Grant, C. D., Andersen, G. L., & Brodie, E. L. (2011). Soil microbial community successional patterns during forest ecosystem restoration. Applied and Environmental Microbiology, 77(17), 6158–6164.
  • Bastida, F., Zsolnay, Á., Hernández, T., & García, C. (2008). Past, present and future of soil quality indices: A biological perspective. Geoderma, 147(3–4), 159–171.
  • Choi, C. S., Cagle, A. E., Macknick, J., Bloom, A. J., Caplan, J. S., Ravi, S., & McCullough, I. M. (2020). Effects of solar photovoltaic arrays on soil microclimate and soil processes. Science of the Total Environment, 743, 140325.
  • García-Orenes, F., Morugán-Coronado, A., Zornoza, R., & Scow, K. (2013). Changes in soil microbial community structure influenced by agricultural management practices in a Mediterranean agroecosystem. PLoS ONE, 8(11), e80522.
  • Hartmann, M. & Six, J. (2023). Soil structure and microbiome functions in agroecosystems. Nature Reviews Earth & Environment, 4, 4–18.
  • Luo, W., et al. (2024). Biocrust development improves soil multifunctionality under photovoltaic panels in arid ecosystems. Journal of Arid Environments, 223, 105118.
  • Maier S., Tamm, A., Wu, D., Caesar, J., Grube, M. & Weber, B. (2018). Photoautotrophic organisms control microbial abundance, diversity, and physiology in different types of biological soil crusts. The ISME Journal, 12(4), 1032–1046.
  • Ormeño, E., Baldy, V., Ballini, C., & Fernández, C. (2016). Restoration of microbial functionality in degraded soils through organic amendments. Soil Biology and Biochemistry, 95, 206–216.
  • Raupp, P., Carrillo, Y. & Nielsen, U.N. (2024). Soil Health to Enhance Ecological Restoration and Conservation. Journal of Sustainable Agriculture and Environment, 3(4), e70022.
  • Siggers, J., et al. (2025). Microclimatic effects of solar farms on soil biodiversity and ecosystem processes. Environmental Research Letters, 20(2), 024001.
  • Torres, I. F., Bastida, F., Hernández, T., & García, C. (2015). The effects of organic amendments on soil microbial activity and soil quality in semi-arid environments. Applied Soil Ecology, 87, 1–9.

Ideas que compartimos

Lo que pensamos de verdad. Contaminación de spam al 0%

Biodiversidad
26/8/26

Caballones y linderos: infraestructuras verdes para una agricultura más biodiversa y resiliente

¿Cómo pequeños elementos del paisaje agrícola pueden mejorar la biodiversidad, la conectividad ecológica y la resiliencia del territorio?
Evaluación
24/8/26

Illes Balears acelera los proyectos estratégicos privados: claves de la Ley 4/2026

Si tienes un proyecto de inversión en Baleares, la Ley 4/2026 crea un régimen específico que reduce a la mitad los plazos de tramitación y evaluación ambiental — pero acceder a él exige preparación técnica desde el primer momento.
Biodiversidad
24/8/26

25 años de carreras populares que siembran futuro

Deporte, territorio y naturaleza: una alianza cada vez más necesaria
Biodiversidad
18/8/26

La Muralla Viva de Chinchilla: conservar el patrimonio para proteger la biodiversidad

Una iniciativa pionera que integra conservación patrimonial y biodiversidad urbana.

Únete a la tribu. Trabaja en Ideas Medioambientales.

Una oportunidad emocionante en el campo de la consultoría medioambiental. Trabaja en proyectos apasionantes que tienen un impacto positivo en el medio ambiente y la sostenibilidad. Únete al equipo y sé parte del cambio.