Restauración tras un incendio forestal

Tras un triste verano de récord en el que se han quemado más de 200.000 ha de superficie forestal debido a los incendios, surge la duda de si es conveniente o no actuar sobre las superficies ahora desoladas y de qué manera.

Algunas Comunidades Autónomas tratan legislativamente sobre las actuaciones a llevar a cabo tras un incendio forestal, como es el caso de Andalucía con la Ley 5/1999, de 29 de junio, de Prevención y Lucha Contra los Incendios Forestales, en su artículo 51, establece que los propietarios de los terrenos forestales elaborarán un Plan de Restauración tras el cual se pronunciará la Consejería competente en materia forestal, quien señalará las actuaciones a llevar a cabo, las normas de uso y aprovechamiento que se aplicarán, las actuaciones y plazos para su ejecución.

Tradicionalmente, los Planes de Restauración solían incluir la reforestación de algunos o la totalidad de los terrenos afectados, pero actualmente la tendencia ha cambiado.

Las primeras actuaciones a llevar a cabo tras un incendio van encaminadas a evitar la pérdida de suelo, un suelo desnudo que podría ser arrastrado por efecto del viento, la erosión, y corrimiento de rocas o tierra ocasionados simplemente por las precipitaciones. Para este fin, en terrenos con pendiente suelen realizarse empalizadas de madera obtenida del propio incendio, fajinas y albarradas, obras destinadas a disminuir la velocidad del agua en las laderas y a evitar la formación de cárcavas. Otra manera de reducir la erosión es la aplicación de un mulch de paja u otros restos vegetales a mano o con helicóptero (helimulching), método capaz de reducir hasta en un 95% la pérdida de suelo.

Evitar el movimiento de suelo es también importante para evitar el arrastre de las semillas que este contiene, algunas de las cuales se han depositado en él gracias a las temperaturas que alcanzó el propio incendio y a la capacidad de adaptación de algunas especies a la recurrencia de incendios.

Especies como el Pinus halepensis o pino carrasco se han adaptado a la recurrencia de incendios con una estrategia que les permite colonizar con más rapidez que el resto de especies. Es capaz de mantener sus piñas en las ramas del árbol, cerradas durante años (a lo que se llama piñas serótinas), fértiles y a la espera de que se produzca una situación de altas temperaturas (+50ºC) para poder abrirse y liberar sus semillas, quienes se verán además beneficiadas por un suelo rico en cenizas y sin competencia alguna tras el paso de un incendio.

Otro ejemplo de especie que también se han adaptado a la recurrencia de incendios es la Genista scorpius o aliaga, quien almacena sus semillas al pie de sí misma durante años a la espera de que se produzca un incendio que queme sus ramas secas, las cuales suelen arder con virulencia y permitirá que se abra la semilla quedando dispuesta para su germinación.

Estos dos, son claros ejemplos de especies pirófitas germinadoras, resistentes al fuego gracias a su capacidad de germinar tras el paso del mismo.

Además de este banco de semillas que encontraremos en el suelo tras el paso de un incendio, también hay que tener en cuenta a las llamadas especies pirófitas rebrotadoras, aquellas que son capaces de ser quemadas en su totalidad aérea (por encima del suelo), pero que mantendrán vivo su sistema radicular y/o algunas partes de su tronco, por lo que podrán rebrotar y seguir viviendo. Como ejemplos podemos citar: Quercus ilex o encina, Pistacia lentiscus o lentisco, Stipa tenacissima o esparto, Juniperus oxycedrus o enebro.

Mulching realizado en incendio .
Mulching realizado en incendio producido en 2021 en las proximidades del embalse del Talave (Albacete). Se pueden ver algunas especies pirófitas rebrotadoras que 4 meses después del incendio ya estaban brotando.

 

En segundo lugar, suelen realizarse tareas encaminadas al saneamiento del monte, empezando por la retirada de madera muerta para evitar la proliferación de insectos xilófagos, aquellos que se alimentan de madera y podrían suponer un problema para los árboles que han sobrevivido y se encuentran debilitados.

Y, después de las actuaciones encaminadas a la sujeción del suelo y el saneamiento, nos quedaría centrarnos en la regeneración propiamente dicha, el gran dilema: ¿se deben realizar repoblaciones? La tendencia actual es a evitarlas y a dejar que el monte regenere solo, con sus propias semillas y rebrotes, con especies autóctonas hijas de aquellas que ya conformaban el monte antes de la ocurrencia del incendio. Solamente se realizarán actuaciones de repoblación en aquellas zonas que, por el paso de las máquinas que han trabajado en la saca de madera muerta o algún otro problema, no pueden regenerar por sí mismas. Se ahorrarán esfuerzos personales y económicos que podrán destinarse en ese mismo monte a trabajos de selvicultura futuros.

Regenerado natural
Regenerado natural de Pinus halepensis en el incendio producido en 1994 entre Calasparra y Moratalla. Han sido necesarios trabajos selvícolas debido a la alta densidad de pinos (entre 2000 y 12000 pies/ha).

 

 

 

 

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