Lagares en los montes de Málaga

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Lagares en Málaga

Si viajamos a la ciudad de Málaga, desde cualquier punto de la mitad oriental de la península Ibérica, nos toparemos con el Parque Natural de los Montes de Málaga, una formación montañosa de alturas que oscilan entre los 80 y los 1032 m.s.n.m. del pico más alto, llamado Cresta de la Reina. En esta zona, curiosamente, vamos encontrar un gran número de lagares. ¿Lagares en los montes de Málaga?

Actualmente el paisaje de los Montes se caracteriza principalmente por la presencia de pinos (piñoneros, resineros, pero, sobre todo, carrascos), así como de árboles típicos del bosque mediterráneo: encinas, alcornoques y quejigos. Podría parecer que ese paisaje no ha evolucionado en siglos.

Pero nada más lejos de la realidad. Un breve análisis a los bienes etnológicos y su toponimia asociada nos hace percatarnos de un hecho peculiar: el alto número de lagares, edificios con las estructuras necesarias para la producción de vino. ¿Cuál es la explicación de que haya tantos, en una zona en la que prácticamente no vemos vides?

Vista de los Montes de Málaga. Fotografía realizada por Juan Antonio Moral

Un poco de Historia

Para entenderlo tenemos que retrotraernos varios siglos. En 1487 se consumó la conquista cristiana de la zona por parte de los Reyes Católicos. El reparto de lotes de tierra a los vencedores provocó que, en la búsqueda de una mayor rentabilidad económica, se sustituyera el tradicional bosque mediterráneo por vides.

La vid tuvo un gran desarrollo en Málaga entre los siglos XVI-XIX, con un intenso comercio vinícola tanto con el resto de España como con el continente europeo. En pleno siglo XVIII, época dorada de este cultivo, la zarina de Rusia, Catalina la Grande, quedó tan complacida con el producto que mandó eximir de impuestos su importación, favoreciendo el comercio con Rusia. Pero otro dato más basta para poner en perspectiva la importancia del viñedo malagueño: la Rioja, territorio dedicado por antonomasia a día de hoy a la producción de vino, cuenta con unas 52.000 ha de viñas; en 1881, la superficie dedicada a este cultivo por Málaga era de 65.000 ha, con casi un millar de fincas con lagar.

Restos de uno de los lagares que pueblan los Montes. Fotografía realizada por Juan Antonio Moral

Pero por estas fechas se produce un hecho que cambiaría totalmente el panorama: en 1878 aparece en el lagar de La Indiana el primer brote de filoxera en la zona, y desde ahí arrasaría todo el viñedo de los montes en apenas unos años. Como alternativa se plantaron los olivos y almendros que se pueden ver hoy en día, la mayoría ya sin producción.

Paralelamente, para acabar con los desbordamientos del río Guadalmedina y las inundaciones recurrentes que asolaban la ciudad de Málaga -precisamente desde que en el siglo XVI empieza a eliminarse el bosque mediterráneo para plantar viñedos- se decidió repoblar los Montes con pino carrasco, que ofrece una gran protección a los suelos erosionados. Además de contribuir a la solución del problema, indirectamente se provocó que con el paso de los años los Montes recuperasen las encinas, alcornoques y quejigos que antaño habían poblado su horizonte.

Restos de canalizaciones vinculadas al regadío de las vides, hoy en desuso. Fotografía realizada por Juan Antonio Moral

Concluisiones

Todo ello configura el paisaje tal y como lo conocemos en nuestros días. Y nos lleva a una interesante reflexión: la enorme importancia del lagar como modelo de articulación del poblamiento del territorio de los Montes de Málaga, ya que estos edificios cumplían también con una función residencial además de la propiamente productiva.

Un motivo más para no olvidarnos y dejar morir este legado, testigo mudo de generaciones enteras de familias que hicieron suyo este territorio y que hoy, mucho tiempo después, todavía tiene muchas cosas que relatar a quien sepa y quiera prestarle atención.

 

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