Inteligencia Ecológica, súmala a la Emocional y Social. Por Oscar García


Fotografía de portada de Miguel Ángel García Rodríguez


Hace un tiempo tuvimos la suerte de poder asistir a uno de los encuentros organizados por nuestros amigos y coachs de cabecera, Albacete Innova, con motivo de una charla de Mª Trinidad Sánchez-Núñez acerca del “Liderazgo con Inteligencia Emocional en el ámbito Laboral”, en la que nos acercó y ayudó de forma amena y sencilla a comprender y poner en práctica conductas inteligentes y sobretodo saludables.

Como siempre, aprendimos mucho y vamos intentando trasladar poco a poco sus lecciones y trucos maestros para estar más satisfechos, y gestionar con más “inteligencia” nuestra vida personal y profesional.

Mª Trinidad Sánchez-Núñez .Fotografía: http://www.albaceteinnova.org

Mª Trinidad Sánchez-Núñez .Fotografía: http://www.albaceteinnova.org

De forma casual, y como suele suceder casi siempre cuando tomas una decisión de mejora, en ese encuentro de “La Caña” tuvimos conocimiento de otro concepto transversal a la temática principal de la charla que nos llamó la atención: El de “Inteligencia Ecológica”. Un concepto que, aunque no conocíamos con esa nomenclatura, sí que dominamos sobradamente por encontrarse estrechamente ligado a nuestra vocación y forma de ser, razón por la que nos decidimos a redactar este post, dentro de nuestro afán de compartir con sencillez los temas que nos apasionan.

En este post pretendemos acercaros un poco a esa variante de inteligencia que, por razones evidentes, está estrechamente relacionada con nuestro día a día profesional. Todo ello sin olvidar que no somos especialistas en materia de psicología o emociones humanas, ni mucho menos, por lo que simplemente hemos agrupado conceptos y opiniones de expertos que entendemos que la saben resumir con acierto (motivo por el que agradecemos el trabajo y las fuentes que incluimos en este post)

El mundo de abundancia material en el que vivimos tiene un precio oculto que no está reflejado en las etiquetas, y al que a veces no prestamos la atención que merece. La fabricación del más sencillo de los productos, presenta en sí una complejidad inherente de interacciones que terminan por tener consecuencias más o menos importante sobre la salud y la sociedad. Ello conlleva proponer la “Inteligencia ecológica” como conducta responsable para dirigir mejor esa dinámica (consumo responsable) a nivel particular o ser conscientes de las ventajas competitivas que las mejoras ecológicas suponen para las empresas a nivel profesional, como línea de negocio y código de buenas prácticas.

Inteligencia ecológica Daniel Goleman Ideas Medioambientales

Daniel Goleman de http://elblogverde.com

Daniel Goleman, el famoso e influyente psicólogo estadounidense autor de “Inteligencia Emocional”; el libro de ensayo más vendido en el mundo y en el que demostró que el manejo de nuestras emociones (EQ) puede ser un factor tan decisivo o más que el coeficiente de inteligencia (IQ), profundiza en este nuevo concepto que esperamos que tenga el mismo efecto viral; el de la “Inteligencia Ecológica” (culminación de un discurso que comenzó en el individuo y su introspección, siguió con lo social y ahora incluye a también al entorno).

Según Daniel Goleman “La inteligencia ecológica es la capacidad de vivir tratando de dañar lo menos posible a la naturaleza. Consiste en comprender qué consecuencias tienen sobre el medio ambiente las decisiones que tomamos en nuestro día a día e intentar, en la medida de lo posible, elegir las más beneficiosas para la salud del planeta. La paradoja reside en que cuanto más coherentes somos con su bienestar, más invertimos en el nuestro”.

Por ello, que Daniel Goleman haga afirmaciones como que “La revolución está en manos del consumidor”, o que el “lavado verde” es una tendencia (y nosotros añadimos, una oportunidad si se hace con rigor y responsabilidad), no debe extrañarnos. El consumidor debe tender por lógica a consumir cada vez más por valores y no por impulsos.

Es el turno de la revolución verde, según Daniel Goleman, porque cualquier vida humana tiene un impacto sobre la vida del planeta: la famosa “huella ecológica” y que también predica Jim Merkel en su “Simplicidad Radical” afirma: “... no basta con reciclar. Ni con comprar alimentos biológicos. Ni con cambiar las bombillas o desconectar los enchufes… Esos pasos son necesarios pero insuficientes, porque lo que hay que cambiar realmente es nuestro modo de pensar. Todos nuestros actos tienen un impacto en el medio ambiente: negarlo es de ignorantes”

Daniel Goleman afirma también que el problema tiene su raíz en la desconexión profunda entre el hombre y la naturaleza que se produce con la revolución industrial: “Mientras la gente vivía en las granjas y en contacto con la tierra, existía una memoria ecológica que pasaba de generación en generación… Con la inmigración masiva a las ciudades ese conocimiento se perdió, y también el contacto directo con los ciclos de la naturaleza. Hemos levantado una barrera que nos aísla del mundo natural y nos impide ver las consecuencias de nuestros actos”

Daniel Goleman hace referencia también al concepto de “sostenibilidad medioambiental”, que deberán desarrollar las empresas si quieren sobrevivir y aboga por la responsabilidad personal y el consumo consciente y ecológico: “donde ponemos nuestro dinero, ponemos nuestra energía”.“Los consumidores tenemos el poder, pero hace falta que nos lo creamos, lo ejerzamos y asumamos que se trata de consumir menos y mejor y cambiar de rumbo.”

La inteligencia ecológica es pues la capacidad de vivir tratando de dañar lo menos posible a la naturaleza. Consiste en comprender qué consecuencias tienen sobre el medio ambiente las decisiones que tomamos en nuestro día a día e intentar, en la medida de lo posible, elegir las más beneficiosas para la salud del planeta. La paradoja reside en que cuanto más coherentes somos con su bienestar, más invertimos en el nuestro.

En definitiva, el concepto de inteligencia ecológica nos abre un horizonte económico que consiste en implantar una regulación que aporte transparencia al mercado y nos permita conocer el impacto oculto de nuestras compras. De ese modo, los consumidores tendremos información detallada sobre el impacto de nuestras decisiones.

Por todo ello, queda claro que las empresas que apuesten por la sostenibilidad se verán recompensadas, mientras que las que se resistan al cambio, tenderán a desaparecer.

El momento de que esta utopía o conducta responsable sea una norma social asentada dependerá, como en todo, de cuando cada uno de nosotros, como consumidores, comencemos a apostar por la “Inteligencia Ecológica”, ¿a qué esperas?

La inteligencia ecológica se fundamenta en orientar nuestra vida cotidiana de acuerdo a unas pautas o conducta responsable con el medio ambiente, así como los beneficios y bondades que conlleva vivir personal y profesionalmente en entornos naturales o en armonía con ellos.

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