El cielo nocturno, patrimonio de la humanidad

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En una noche de hace más de 20.000 años, bajo una oscuridad abismal, Otzi contempla el cielo estrellado de finales de primavera. Su mente de hombre de Cromañón es incapaz de aportarle una explicación racional a esa visión cósmica, así que se limita a disfrutarla y a fabular imaginando historias. Con el tiempo, no obstante, aprenderá a reconocer patrones, a advertir señales periódicas que van apareciendo a lo largo del año, permitiendo a los primeros humanos predecir acontecimientos importantes para su supervivencia. Aquella noche milenaria Otzi se acostó en su chozuela entendiendo que la aparición en el cielo nocturno de esa ristra de estrellas con forma de cola de escorpión, igual que el año anterior, anunciaban el comienzo del verano y del buen tiempo, los días tendrían más luz, se produciría la maduración de frutos silvestres y la llegada a las praderas de las manadas de cérvidos. Otzi, sin saberlo, empezó a medir el tiempo con las estrellas. El cielo nocturno fue nuestro primer calendario.

No existen datos certeros, pero no es descabellado aventurar que la contemplación del cielo nocturno comenzó con los primeros humanos modernos, hace casi 70.000 años. Mirar el cielo nocturno en busca del sentido de la existencia es un sello distintivo de nuestra condición como especie, de nuestra humanidad. Desde la Edad de Piedra hasta la Era espacial, hemos contemplado las estrellas y nos hemos sentido hechizados por su majestuosidad y belleza. Esta fascinación compartida por todos los seres humanos de todos los pueblos y épocas de la historia, ha contribuido a modelarnos como civilización y como individuos.

Para empezar, el cielo fue, sin duda, nuestro primer libro de cuentos. Los pequeños clanes familiares del Paleolítico, sentados alrededor del fuego, contemplaban la inmensidad del cosmos y comenzaron a construir las leyendas y los mitos, proyectando hacia las estrellas sus avatares cotidianos, sus aventuras en la caza y sus primeras abstracciones espirituales. La transmisión verbal de estas historias ayudó a perfeccionar el lenguaje y fue germen de los primeros cultos mágico-religiosos.

Recreación de constelaciones según la mitología griega. Fuente: Stellarium Astronomy Software.
Recreación de constelaciones según la mitología griega. Fuente: Stellarium Astronomy Software.

Esta atracción por convertir la bóveda celeste en génesis de historias siguió cultivándose con fruición en los milenios posteriores. Los pueblos orientales, los sumerios, los egipcios y, especialmente la antigua Grecia, volcaron en las estrellas una rica y compleja mitología de héroes y dioses que desvelaba las más diversas condiciones y atributos de la especie humana: el amor y el odio, la venganza y el valor, el poder, la avaricia y el rencor, en definitiva, la muerte y la vida…

Pero la importancia del cielo nocturno no termina aquí. Las estrellas fueron también nuestro primer mapa, nuestra primera brújula, nuestra primera carta náutica. Hace más de mil años los mercaderes fenicios que cruzaron el Mediterráneo desde Tiro hasta Gadir, tuvieron en las estrellas a sus más files guías. La identificación de constelaciones y de la estrella polar les permitía orientarse y viajara en mar abierto, lo que posibilitó la expansión del comercio y el establecimiento de las primeras colonias al sur de la península, o lo que es lo mismo, de nuestras primeras ciudades.

Nave fenicia orientándose con las estrellas. Fuente: EP.
Nave fenicia orientándose con las estrellas. Fuente: EP.

Aún nos queda otro hito más por contar sobre la importancia del cielo nocturno, quizá el más importante. Hace más de 2.500 años, en algún lugar de Asia Menor, el padre de la filosofía europea, Tales de Mileto, uno de los siete sabios de la Antigua Grecia, después de meses de cálculos matemáticos, consiguió predecir el eclipse solar ocurrido el 28 de mayo del 585 a.C. El cielo nocturno fue también nuestra pizarra cósmica para las primeras leyes de la mecánica celeste, por lo que muchos autores coinciden en afirmar que el cielo nocturno fue el germen de las ciencias físicas y la geometría analítica.

Recreación de los cálculos de Tales de Mileto sobre mecánica celeste. Fuente: Historias de la ciencia.
Recreación de los cálculos de Tales de Mileto sobre mecánica celeste. Fuente: Historias de la ciencia.

La especie humana no se entendería sin las estrellas. El cielo nocturno fue nuestro primer libro de cuentos, nuestro primer calendario, nuestro primer mapa y el escenario cósmico sobre el que los humanos desarrollaron la ciencia y el pensamiento abstracto.

Sin embargo, este patrimonio milenario, inmaterial e intangible está en serio peligro a consecuencia de la contaminación lumínica, el conjunto de emisiones radioeléctricas que tienen su origen en la iluminación exterior de los pueblos y las ciudades. Son millones las personas que, a consecuencia de este fenómeno, no pueden disfrutar de las estrellas en las ciudades o pueblos en los que viven.  Perseverar en sistemas de alumbrado públicos y privados más eficientes que alumbren el suelo y no el cielo será una buena forma de combatir este tipo de contaminación física, tal como reflejó el genial Van Gogh en su precioso lienzo, una propuesta ya en el siglo XIX, para disfrutar del ocio nocturno y el alumbrado público sin negarnos el placer de contemplar la bóveda celeste.

(A) Sistemas de alumbrado eficiente frente a los convencionales. (B) Terraza del café nocturno (1888). Calles y comercios iluminados sin evitar la contemplación de las estrellas.
(A) Sistemas de alumbrado eficiente frente a los convencionales. (B) Terraza del café nocturno (1888). Calles y comercios iluminados sin evitar la contemplación de las estrellas.

En España, el mapa de contaminación lumínica que publica el MITECO deja poca cabida a la duda: cada vez es más difícil contemplar y disfrutar del cielo nocturno en nuestro país, una forma más de paisaje y valor ambiental que debe ser cuidado y respetado como uno de los mayores legados culturales de la especie humana. No en balde, centenares de colectivos y asociaciones de astronomía llevan décadas solicitando a la UNESCO que el cielo estrellado se convierta en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Calidad del cielo nocturno y niveles de contaminación lumínica en España. Ministerio para la Transición Ecológica.
Calidad del cielo nocturno y niveles de contaminación lumínica en España. Ministerio para la Transición Ecológica.

Los cielos que hoy vemos desde La Tierra conservan aún las mismas estrellas que contempló Omitz en aquella noche de hace 20.000 años, las mismas que escucharon los primeros cuentos de la especie humana, los mismos astros que rastrearon los fenicios para llegar al sur de Iberia, las mismas constelaciones que inspiraron la mitología del Olimpo griego. Eso nos conecta con la inmortalidad, son las mismas estrellas que contemplaron Newton y Galileo, Cervantes o Julio César, y, sin duda, el mismo cielo que el Principito de Antoine de Saint-Exupéry miraba extasiado preguntándose si las estrellas se iluminaban cada noche con el único propósito de que cada uno de nosotros encontrara la suya.

El Principito contemplando el cosmos. Editorial Planeta. El principito ilustrado para niños.
El Principito contemplando el cosmos. Editorial Planeta. El principito ilustrado para niños.

 

Os invitamos a todas y a todos, en la próxima noche oscura, a salir a algún lugar apartado y contemplar la inmensidad del cosmos. Es un viaje en el tiempo y una buena ocasión para asumir la pequeñez de nuestra existencia y lo efímero de nuestra vida. Y tal vez, entonces, sólo entonces, igual que el Principito, encuentres también tu propia estrella.

 

Para saber más:

  • Universo. Ress Martin (2006)
  • Astrofotografía. El paisaje nocturno. Javier Martínez Morán (2020)
  • Bestiario celestial. ¿Qué se esconde bajo el cielo nocturno? Aina Berstard (2021)
  • Bajo el cielo nocturno. Una historia de la humanidad a través de nuestra relación con las estrellas. Stuart Clark (2022)

Bibliografía recomendada

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