De aquellas astillas, estas cenizas

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La llegada de la industrialización a España supuso el éxodo masivo desde mundo rural a las ciudades en los años 60 y 70. Esta migración tuvo lugar principalmente hacia grandes núcleos urbanos como Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia, sin olvidarnos de otras muchas capitales de provincia. Este movimiento poblacional estuvo asentado sobre las premisas de un trabajo y vida mejor, unido a las aspiraciones para aquellas generaciones que vivían del duro trabajo en el campo.

Comparativa de fachada marítima de la Albufereta en 1945 y 1973 (Fotografía: Sánchez, Archivo Histórico Municipal de Alicante).
Comparativa de fachada marítima de la Albufereta en 1945 y 1973 (Fotografía: Sánchez, Archivo Histórico Municipal de Alicante).

El golpe mortal a la denominada actualmente como España Vaciada comienza con la segunda oleada de emigración y la apertura del régimen franquista al turismo internacional, apoyado por Estados Unidos. La población que componía los pequeños pueblos interiores emigró hacia zonas costeras con necesidad de mano de obra y sueldos más interesantes, dejando atrás el cuidado del campo y las actividades rurales tradicionales.

En las serranías y zonas montañosas de nuestro territorio, donde la agricultura y la ganadería han sido el pilar tradicional de la subsistencia y productividad, la población se veía abocada a emigrar durante ciertos periodos del año en busca de otros ingresos. De este modo, podían buscar el sustento económico de sus familias en las sucesivas campañas anuales de la aceituna, vendimia, o siega, entre otros muchos cultivos, convirtiéndose en el caldo de cultivo óptimo para la mencionada despoblación incipiente.

Las circunstancias actuales no pueden explicarse sin la historia y los usos del suelo sucedidos sobre estos sistemas a lo largo del tiempo, siendo estas algunas de las claves para explicar la desastrosa situación en la que se encuentra el país en relación con los incendios forestales. Se podría decir que “de aquellas astillas, estas cenizas”.

La despoblación ocasiona el abandono de cultivos que fragmentaban el paisaje y la vegetación, interrumpiendo la expansión del monte y generando biodiversidad amén de ejercer de cortafuegos naturales. Todo esto genera la apertura de una ventana de oportunidad para el ataque al incendio tras modificar las condiciones iniciales de éste.

De igual manera, primar el ganado intensivo por el extensivo redujo la cabaña ganadera de este último modelo, con lo cual esa deseada limpieza del monte por el pastoreo se vio reducida y la carga de vegetación intensificada.

Los aprovechamientos forestales que antiguamente retiraban gran parte de carga vegetal como la recogida de leñas, los aprovechamientos madereros y de resinas, han desaparecido. Esta pérdida viene producida por la rentabilidad de resinas y maderas, quedando hoy en día relegados a aquellos montes preparados, con buenos accesos y fáciles de trabajar, o bien por la comodidad (leñas) debido a la proliferación de instalaciones de calefacciones de gas, hidrocarburos o eléctricas. Convirtiéndose el pellet en un resquicio de volver al combustible vegetal, solo rentable en determinadas condiciones.

Estas circunstancias hacen que los bosques españoles en general, y los boques mediterráneos en particular, por su adaptación y necesidad del fuego para su regeneración se conviertan en un verdadero polvorín.

Echando más leña al fuego, nunca mejor dicho, nos encontramos en una proceso de cambio climático que genera el aumento del estrés hídrico sobre la vegetación, que disminuye el porcentaje de agua presente en sus estructuras. Los períodos de temperaturas extremas son cada vez más prolongados y ligados a porcentajes de humedad en aire inferiores, convirtiendo el monte en una fuente de energía que ahora está más disponible si cabe.

A todo este conglomerado, otro factor más muy influyente, como son las segundas residencias dentro o rodeadas del monte. Viviendas idílicas en un entorno natural, un paraíso para el ser humano que puede convertirse en un infierno total. La interfaz urbano-forestal pasa a ser un problema de protección civil, priorizando la defensa de las personas y propiedades, como no puede ser de otra manera, derivando personal de extinción a esta defensa.

Es cierto que existen medios y personal para la extinción de estos incendios, permitiendo que sean apagados rápidamente. El 98% de estos incendios pasan a ser conatos o incendios que apenas consumen unas pocas hectáreas, mientras que el 2% de los incendios que no se atajan con esa prontitud. Estos episodios de fuego, azuzados por las ahora extensas olas de calor provocadas por el cambio climático al que nos venimos enfrentando, llegan a convertirse en GIF (Grandes Incendios Forestales). Como decía Marc Castellnou, eminencia mundial en el análisis y comportamiento de incendios forestales, estos incendios ya son de 6ª generación, ya son monstruos, entes con vida propia que generan sus propias condiciones climáticas favorables para persistir y con la imposibilidad de predecir que va hacer.

Lo peor de todo es el olvido que se genera después de que el periodo ha terminado, pues nadie se acuerda hasta llegado el momento de la próxima oleada, a excepción de los afectados.

El cambio de paradigma viene por no ver al monte como un jardín, no quiere decir que no se gestione sino la forma de gestionarlo. Las quemas prescritas, el fuego controlado, la limpieza del monte en la época adecuada para crear zonas de ruptura de continuidad, la inversión en la ordenación del monte, la aplicación de selvicultura preventiva, la creación de puestos de trabajo en entornos rurales, la información, la formación y la educación ambiental, se convierten en las herramientas de las que disponemos para evitar estos grandes incendios no sean tales.

Imágenes, fuentes:

La emigración económica a Europa
Fuente https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/exiliados-y-emigrados-19391999–0/html/ffdf03e4-82b1-11df-acc7-002185ce6064_8.html

Comparativa de fachada marítima de la Albufereta en 1945 y 1973 (Fotografía: Sánchez, Archivo Histórico Municipal de Alicante).
Fuente: Orígenes y desarrollo turístico en Alicante: del veraneo al turismo de masas
Revista CANELOBRE, publicación del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, Organismo Autónomo de la Diputación de Alicante, Número 66,Verano 2016

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