El lobo, convivir con lo libre

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Convivir con el lobo libre

El día en que Félix Rodríguez de la Fuente murió el gran Mingote publicaba en su viñeta diaria del ABC un lobo afligido que miraba llorando hacia las estrellas. Hoy, 40 años después, tras el anuncio del MITECO de modificar el RD 139/2011 de 4 de febrero para conferir a todas las poblaciones de lobo ibérico la condición de especie protegida, se reabre un debate atávico y secular lleno de complejidades, de filias y fobias capaces de desatar posturas extremas, tanto a favor como en contra de su protección. ¿Seremos capaces de convivir con el lobo libre?

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Despedida de Mingote a Félix R. de la Fuente

Orígenes de la relación

Es sabido que la relación de los seres humanos con los grandes depredadores de nuestros ecosistemas ha sido siempre truculenta. En el caso concreto del lobo, su profunda penetración en la cultura humana es de tal magnitud que ha ocupado durante siglos un lugar incomparable en el imaginario colectivo de las personas. Y es que, a pesar de que la mitología romana convirtió a la loba del Capitolio en madre adoptiva de Rómulo y Remo, buscando una hibridación entre lo humano y la naturaleza, o que Rudyard Kipling bendijo a los lobos en su famosa obra El Libro de la Selva, la realidad es que la imagen de este gran depredador no sale bien parada en la literatura, las fábulas o las leyendas.

Presentado a los niños desde la más tierna infancia como el antagonista de todos los cuentos, como un animal con aspecto de rufián y ávido de sangre capaz de las peores fechorías, el folclore humano ha construido en torno a este animal un relato despiadado y cruel lleno de sesgos muchas veces infundados.

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Represenataciones del lobo como animal feroz

Pero, ¿qué causas son el origen de esta tormentosa relación entre los humanos y el lobo? Para Fernando Sancho, profesor de Ecología Aplicada en la Universidad de Sevilla (2018), son tres los motivos que explicarían esta percepción del lobo. El primero es una cuestión puramente ecológica. El lobo y los seres humanos compartieron, hace miles de años, el mismo espacio y rivalizaron por los mismos recursos.  Los grupos de cazadores del Paleolítico debieron competir con otro gran depredador perfectamente adaptado al medio y organizado en clanes, con mejor olfato y visión, más resistente en la carrera y con un perfecto conocimiento del territorio y las presas. Ahí comenzó, sin duda, ese antagonismo ancestral. 

De otra parte, explica el profesor Sancho, la presencia de los seres humanos en los montes se intensificó sobremanera a partir del siglo XIII con el desarrollo de la Mesta y la extensión de la ganadería. Se roturaron bosques para la creación de praderas artificiales donde apacentar el ganado y se ocuparon zonas de montaña ricas en pastos muy nutritivos para las cabañas pecuarias. Se produjo por tanto una ‘invasión’ de los hábitats preferentes del lobo, lo que provocó un conflicto permanente de fricción con la especie que, privado de su espacio y sus potenciales presas, atacaba los rediles de ganado para seguir alimentándose y poder subsistir.

Por último, existe una tercera razón de poderosas raíces culturales, especialmente en los países de tradición judeo-cristiana, donde el cordero representa un símbolo de la religiosidad occidental, provocando que un depredador de este emblema alegórico haya sido demonizado hasta la extenuación.

Conflicto que supone

Con todo, la decisión del MITECO de prohibir la caza del lobo en España ha sido recibida con ánimos desiguales:

  • Para el movimiento conservacionista es un triunfo histórico por el que llevan décadas luchando.
  • Para los ganaderos y demás sectores vinculados a la explotación agropecuaria, se trata de un sinsentido que atenta contra sus intereses económicos y sus esfuerzos por ganarse la vida y prosperar en la España rural.

La decisión, no obstante, viene a marcar un hito en la legislación ambiental de nuestro país, obligando a que nuestros intereses como sociedad no prevalezcan siempre por encima del derecho a la vida de la fauna silvestre.

Por ello, medidas para buscar ese equilibrio deseado deben estar de forma prioritaria en la agenda de las administraciones públicas, tales como incentivar a ganaderos con ayudas y subvenciones para adquirir vallados metálicos de buena calidad para proteger los rediles, pastores eléctricos o mastines que disuadan con su presencia los ataques del lobo y, por supuesto, habilitar partidas concretas y suficientes para indemnizar la pérdida de cabezas de ganado que sufran sus rebaños.

Una situación sin duda compleja pero que responde a las inquietudes de una sociedad cada vez más sensibilizada y concienciada con el medio ambiente, favoreciendo el famoso principio de Noé, debiendo ser capaces de equilibrar el desarrollo de nuestra sociedad y la explotación de los recursos naturales con la conservación y el respeto de la vida silvestre, especialmente la de un símbolo de la España más agreste y salvaje, un animal totémico, símbolo palpitante de nuestros bosques y montes que debe ser patrimonio ambiental de nuestro país.

Tal vez, el sueño de Félix Rodríguez de la Fuente de una España en cuyas noches se escuchará siempre el aullido del lobo, esté ahora más cerca que nunca. Un reto apasionante que nos ayudará a vivir y convivir con el lobo libre. Convivir con lo libre.

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